Cada día que pasa es como una dosis de adrenalina para mí. Cada día que pasa mi corazón se acelera y mis nervios se alteran. Cada sentimiento se hace más intenso e incluso los miedos se me escapan de las manos. Estoy perdiendo el control.
A veces no me gusta tener a gente que me conozca tan bien, pero realmente necesito a esta gente que me conoce tan bien. No sé vivir en un mundo que me desconoce, así que al menos necesito que varias personas sepan de mí, de mis pensamientos y sufrimientos, de mis alegrías y desvaríos. Hoy he hablado con una de estas personas. Él es un chico al que tengo un respeto y un aprecio muy grandes. Él es de las mejores personas con las que he podido llegar a cruzarme. Cuando me preguntan por mi mejor amigo/a es una de las primeras personas que vienen a mi cabeza. Él se llama Adrián. Sea como sea, este chico consiguió hacerme pensar en muchas cosas hace dos años, cuando lo conocí. Él fue compañero en mi primer año en la Escuela de Arte y él, en ese tiempo, fue uno de mis mayores apoyos emocionales. Siempre podía contarle mis frustraciones y siempre recibía buenas respuestas de su parte. Hoy, hablando con él, me ha referido lo mucho que he cambiado en el poco tiempo que me lleva conociendo, de tal modo que si antes era una temerosa del mundo, ahora puedo plantarle cara.
Hay tanta gente que me lo ha dicho que al final voy a tener que creerme el hecho de que sea una persona fuerte. Es posible que desde hace ya un tiempo yo haya pensado sobre mí como alguien fuerte, es posible que yo ya lo supiera, pero el hecho de decírmelo a mí misma, de decirlo al mundo, es como si me hiciera sentir repulsión. No solamente con este pensamiento... Cada pensamiento bueno que puedo tener sobre mí, es como si yo misma me lo rechazara instantáneamente. Es posible que aún no me sea capaz verme con los ojos con los que me ve la mayoría de la gente. Es posible que mis ojos aún estén envueltos en lodo. ¿Será posible limpiarlos algún día? Esa es la cuestión.
Hay tanta gente que me lo ha dicho que al final voy a tener que creerme el hecho de que sea una persona fuerte. Es posible que desde hace ya un tiempo yo haya pensado sobre mí como alguien fuerte, es posible que yo ya lo supiera, pero el hecho de decírmelo a mí misma, de decirlo al mundo, es como si me hiciera sentir repulsión. No solamente con este pensamiento... Cada pensamiento bueno que puedo tener sobre mí, es como si yo misma me lo rechazara instantáneamente. Es posible que aún no me sea capaz verme con los ojos con los que me ve la mayoría de la gente. Es posible que mis ojos aún estén envueltos en lodo. ¿Será posible limpiarlos algún día? Esa es la cuestión.
Lo cierto es que quiero ser fuerte. Sé que me queda mucho camino en la vida y siento que no estoy preparada para ello, pero pretendo ser cada vez más eficaz a la hora de vivir para poder hacer realidad mis sueños y con ello hacer feliz a las personas que me rodean, incluyendo obviamene a las que tanto amo.
Hay partes de mí que sé que son confusas para muchas personas. A veces incluso parece que mis pensamientos chocan y se contradicen. Aun así yo no voy a dejar de pensar como pienso ni de ser como soy. Voy a avanzar en la vida con mi mente y mi corazón a la par. Me gusta como soy, dentro de todo este caos. ¿Podrá él con todo este caos? Esa es la nueva cuestión.
Creo que puedo confiar en un sí.
Quedan 11 días para iniciar mi viaje a Barcelona, pero realmente quedan 12 días para verle a él. Me siento morir de impaciencia por dentro. Cada vez, no paro de dejar de mirarle durante más tiempo y son más las veces que acaricio la pantalla. Algún día me pillará. Me cuesta muchísimo dejar mis conversaciones con él, o simplemente dejar de verle por un rato. Siento que estoy llegando a un estado que tal vez sea el mejor para mí. Siento que con él puedo conseguir lo que busco. Ojalá todo salga bien. Ojalá podamos amarnos.
Ojalá podamos ser felices.
No pienso rendirme tan fácilmente
ante tí, mundo.
ante tí, mundo.
Siempre presente.

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